EL AMOR Y LA MUERTE
I
Muriéndose de dolor, un joven hombre,
En honrosa hora agonizaba:
Una flecha en el corazón
El ángel del amor -Cupido- le clavaba.
Era una fecha envenenada:
Un sentir doliente lo atravesaba;
Era frio sí, pero embriagaba;
El alma viva, el corazón en llamas.
A un tiempo dolía;
Y A un tiempo calmaba.
Herido de muerte, enamorado;
Hasta las palabras sangraban;
Y el joven hombre, sin aliento
-a un amigo de otros tiempos-
Llamó Gritando al viento:
¡Amigo, ven!
…ven,
que el amor me mata.
…ven amigo,
Que eres mi única esperanza;
que de amor moriré si a este amor lejano,
escondido y solitario tú no alcanzas.
Dame papel que escribiré
Con esta sangre que me mana.
Pues El amor no viene solo:
La muerte es su hermana
II
¡¡Corre amigo, corre!!
Y no te pares para nada,
sal corriendo y dale esta carta.
Dile que la quiero;
que no le puedo poner más palabras,
ya que mi pulso tiembla
y la vista se me apaga.
….corre amigo,
Que la muerte acecha en mi puerta
Y ya siento el filo de su guadaña.
pues el amor no correspondido
A la vez es:
Puñal, cuchillo y daga
¡¡corre amigo corre!!
Y no te pares para nada.
III
A caballo y sin hacer reproches,
El amigo busco a la amada.
La luna fue testigo
De esta simpar galopada
Hacía frio; estaba oscuro;
Era una noche cerrada.
A lo lejos del camino
Una luz se divisaba;
Un destello que venia
Poco a poco se acercaba:
Solo Un candil reluciente
que marcaba la encrucijada.
El foco intermitente,
que al céfiro bailaba,
dejaba ver un letrero que decía:
¡amigo, no te pares para nada!
¡Hacia allí!
Hacia Sevilla la plana
IV
Por la ribera del Guadalquivir
El jinete hace la entrada.
-Betis, abundante y gélido,
Testigo fue de mil batallas;
Donde pizpireta la luna
se mira y se miraba -
(pensaba el fiel amigo
mientras Buscaba a la amada)
y no a mucho andar
entre muros la encontraba;
en lo alto de un otero
Lentamente su vida pasaba.
Entre velos y jazmines
la rosa se marchitaba,
Ella, melancólica y triste;
También dama y cortesana.
Alguien la oyó exclamar
¡ahí llega, ahí llega el amigo que esperaba!
V
Apenas unas palabras
El amigo dice a la amada
con voz fría y firme
Ante ella declamaba:
Os quiere;
Se muere;
Que leáis esta carta;
Y que si vos corréis,
Aun queda esperanza;
Sus ojos aun están abiertos,
Pero el día, el día no verán mañana.
VI
Rauda y sin preguntar,
La casta rosa abrió la carta.
Con tinta de su pecho en el reverso,
el amado, un corazón le dibujaba.
-En su interior apenas nada-
Sucintos trazos que decían:
Te amo por que se que me amas.
Temblorosa Una lagrima,
en la estéril hoja se estrellaba.
VII
Salen de Sevilla
El fiel amigo y la amada.
Clamando ruegos y rezos
Para ese amado que esperaba.
-Pero a la parca,
Eso poco le importaba-
En sus corazones desolados
el desazón se posaba,
cuando una sombra oscura
el camino adelantaba,
Y entre los silbidos del bosque
…..Una voz
lúgubre y atroz
Trémula se escuchaba;
Asi decía:
¡ah incautos mortales
Que perseguís mi alma!
No podéis vencerme.
Yo soy el ángel del amor,
de la vida y la esperanza
En mí viven a un tiempo:
Alegrías y penas; canciones y batallas.
Mas aun, soy el ángel de la muerte
Y quien conmigo juega, no gana.
Y ahora corred, corred,
que el tiempo no aguarda.
VIII
Amanecía, el alba ya llegaba.
El, muriéndose; ella, aun lejana
Y mientras ella venia,
El se lamentaba.
Escondido en su pensamiento
Lloraba y lloraba.
A pocos minutos de la muerte
Susurró breves palabras,
Cerro sus ojos y dijo:
La vida se me acaba.
IX
Ella ya lo contemplo muerto
en el lecho, donde allí yacía;
entre gemidos y llantos
sollozando repetía:
¡Señor…. Llévame con él!
Porque yo, también le quería.
¡por piedad señor!
Porque yo, también lo quería.
Y a los pies de la cama
La joven dama,
Rosa y cortesana,
Casta moriría.
X
-Epílogo-
Tan grande y cruel es el amor;
Tan cruel y grande es nuestro destino.
Imposible es hacer cálculos.
Difícil es, expresar lo que sentimos.